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28 octubre 2013 1 28 /10 /octubre /2013 12:48

por M. Carmen García Tejera

Emilio Castelar nació el 7 de septiembre de 1832 en Cádiz, donde sus progenitores...

 

 

 

 

 

 

 

VIDA DE LORD BYRON   EntraTUCKER, B. Retrato de Emilio Castelar. Paris: Pirou,ca. 1899. New York Public Library.TUCKER, B. Retrato de Emilio Castelar. Paris: Pirou,ca. 1899. New York Public Library.

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28 octubre 2013 1 28 /10 /octubre /2013 12:44

por Ana María Díaz Marcos

La controversia entre lo nacional frente a lo extranjero y los ideales de tradición (lo español) frente...

 

 

 

 

 

 

 

La locura del viajero retornado: la “galomanía” en Un loco hace ciento , de María Rosa Gálvez Cabrera

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28 octubre 2013 1 28 /10 /octubre /2013 11:48
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14 octubre 2013 1 14 /10 /octubre /2013 08:05

 

 

 

 

Llegó un muchacho a cansarse

de su vida desdichada, y ayer, por la madrugada

sali ó dispuesto a matarse.

Se fue al mar, y a la corriente

lanzó se obstinado y fiero,

mas lo advirti ó un marinero

y le salvó diligente.

En su decisi ó n formal

luego un arma preparó,

contra el pecho disparó

y al fin... ¡ nada!, cargó mal.

Volvi ó a casa, de ira rojo

con el intento de ahorcarse,

pero al ir a estrangularse

rompi ó el cordel, que era flojo.

Postrer recurso ensayó

empe ñ ado en su porfía;

fingió que algo le dolía y a su m é dico llamó.

De saber, haciendo alarde

le auscultó don Nicomedes,

y... les participo a ustedes

que el entierro es esta tarde.

 

Pascual Montagut

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13 julio 2013 6 13 /07 /julio /2013 17:41

 

 

Éste que ves, engaño colorido,
 que, del arte ostentando los primores,
 con falsos silogismos de colores
 es cauteloso engaño del sentido;

 éste en quien la lisonja ha pretendido
 excusar de los años los horrores
 y venciendo del tiempo los rigores
 triunfar de la vejez y del olvido:

 es un vano artificio del cuidado;
 es una flor al viento delicada;
 es un resguardo inútil para el hado;

 es una necia diligencia errada;
 es un afán caduco, y, bien mirado,
 es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

 

Sor Juana Inés de la Cruz.

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23 febrero 2013 6 23 /02 /febrero /2013 08:27

 

 

 

Sacra, Católica, Real Majestad:

Humildemente, yo Ana de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli, condesa de Mélito y duquesa de Pastrana, os ruego por la voluntad que siempre he tenido en serviros, que no echéis al fuego estas letras y apelando a vuestra compasión, encarecidamente os suplico que escuchéis lo que tengo que deciros desde esta torre de Pinto donde me hallo presa, por una estúpida y vulgar mentira.

Cierto es majestad, que la noche del asesinato de don Juan de Escobedo, éste había cenado en mi palacio de Madrid, como su majestad y yo misma habíamos convenido, tres días antes. Recordaréis mi señor don Felipe, por la proximidad de los hechos, que en un principio me mostré reacia a la idea de abandonar mi hacienda y trasladarme a la corte madrileña. Sin embargo, accedí a ello por la importancia de la misión que me encomendabais y por el requerimiento que me hacíais de servir al Imperio poniendo en juego para ello mis dotes de conversadora y desatadora de lenguas.

Todo esto he callado en el proceso abierto tras la muerte de Escobedo, así como las conversaciones que mantuvimos, los días previos a la cena, por temor a que mis palabras sirvieran de carnaza a los enemigos del Imperio. Sin embargo, mi señor don Felipe, vos no habéis interpretado mi silencio como una nueva prueba de amor y de cordura por mi parte. Sino que el más prudente de los monarcas castiga mi sensatez y se niega a escuchar mis palabras.

Es por ello, que me sirvo de estas líneas para que tengáis constancia de lo que realmente sucedió aquella noche y conozcáis a través de mis palabras como ocurrieron los hechos.

Efectivamente, don Juan de Escobedo llegó a mi palacio a eso de la media tarde, era lunes de Pascua y las campanas de Santa María de la Almudena llamaban a los fieles a la plegaria. Lo recuerdo bien porque me encontraba de pie, junto a la ventana, observando el trasiego de la plaza y esperando la llegada de los invitados a la cena. El retraso de los convidados no fue largo, pues con el último toque de campana se detuvo en medio de la explanada un carruaje, y de él descendieron tres caballeros que por el aspecto de sus ropajes parecían extranjeros. Vestían jubones ajustados de mangas rasas rematados con finísimos encajes de Flandes. El ir y venir de los parroquianos y el replicar de las campanas debió resultarles extraño porque se detuvieron durante un buen rato junto a la escalinata de la Almudena examinando atentamente a los feligreses y, en varias ocasiones, uno de ellos, que más tarde reconocí como don Juan de Escobedo, con el sombrero en la mano señalaba, una y otra vez, a un mísero aldeano que vendía coles en uno de tenderetes de la plaza. Los caballeros comenzaron hacer chanzas sobre el parecido que éste tenía con el infante don Carlos hasta tal punto que el aldeano percatándose de las bufonadas, comenzó con gran maestría a arrojar coles, que eran hábilmente recibidas en los floretes de los burladores. Provocando esto un gran regocijo en los allí presentes. Se formó en ese momento un pequeño tumulto alrededor de los caballeros y una pequeña fracción de feligreses comenzaron a vitorear a don Juan de Austria al reconocer a Escobedo como uno de sus hombres de confianza.

Mientras, el aldeano seguía lanzando coles al grito de _ ¡Viva su sacra majestad don Felipe y abajo los flamencos, enemigos de la convivencia Imperial!

Así estaba el ambiente de crispado cuando apareció vuestro secretario don Antonio Pérez que tras desmontar del caballo saludo cortésmente a los caballeros y los acompaño hasta mi casa. Minutos más tarde mi camarera personal anunciaba su llegada. Y ha de saber, vuestra majestad, que aquella noche al secretario Escobedo se le desató la lengua. Animado por mi conversación y con varias copas de vino de Esquivias servido en los postres, confirmó todas nuestras sospechas. Efectivamente don Juan de Austria tenía la pretensión de adherirse para sí el trono de Inglaterra y contraer matrimonio con María, reina de los escoceses. En varias ocasiones, durante la velada, el secretario del de Austria insinúo que era justo y conveniente que el Imperio español se dividiera entre los dos hijos del que fuera emperador de Alemania. Los caballeros flamencos, parcos en palabras, asentían con la cabeza y como el vino se le había ya subido a la cabeza gritaban ¡Flandes ya tiene rey! ¡Es don Juan de Austria!!

La conversación aunque valiente, era temeraria, rayando la insolencia. Por ello, dirigiéndome a Escobedo le dije _Retiraros de mi mesa. En mi casa no se conspira en contra del rey.

Mis palabras sorprendieron a los invitados, de tal modo, que el secretario de vuestro hermanastro se levantó de la mesa y desafiándome con la mirada exclamó: — O estáis a favor de don Juan de Austria o yo me encargo que caigáis en desgracia.

Y sin mediar más palabras se levantó y sé fue. Los dos flamencos lo siguieron. Antonio Pérez y yo misma permanecimos conversando durante al menos dos horas más, hasta que llegó al palacio la noticia del asesinato de Escobedo en una de las calles colindantes.

Eso fue lo que sucedió realmente.

Y sabe Dios que no miento. Es por ello, majestad, que esta prisión me parece cuanto menos cruel e indigna para aquella que en todo momento a puesto bajo vuestros pies hacienda, honra y persona.

¿Cómo dais crédito a los rumores que corren por Madrid?

¿Dais como cierto, en algún momento, los chismorreos cortesanos de que la muerte de Escobedo se fraguo en mi casa y que yo misma puse la daga en manos del asesino? Vos me conocéis bien. ¿Podéis dar crédito a esas patrañas?

¡Vive Dios, que no entiendo nada! Me despojáis de mi hacienda, me apartáis de mis hijos… ¡Me castigáis sin piedad!

Quiero pensar, mi señor don Felipe, que os mueven los celos. Mélito , duquesa de PastranaPero unos celos infundados, alimentados por las calumnias y el ataque mezquino de los que odian lo que representa el escudo de mi casa.

¿Podría yo tener relación carnal con un vulgar secretario, por muy secretario que fuera de su majestad?

¡Vuestros celos, si los tuvierais, son injustificados!

¿Habéis olvidado ya el olor de mis cabellos y la tersura de mis manos?

Cierto es que me une a vuestro secretario una gran amistad, pero una amistad que vos mismo habéis fomentado durante años, al serviros de él como emisario. No es justo que en estos momentos nos castiguéis a los dos.

Ni don Antonio Pérez ni yo somos amantes. Ni tenemos nada que ver con el asesinato de Escobedo.

Es por ello que os pido clemencia. No solo para mí sino también para vuestro fiel secretario.

Vuestra, siempre amantísima

Ana de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli, condesa de Mélito , duquesa de Pastrana.

 

 

 

Ficción literaria de Laura Pérez Sánchez.Laura Pérez Sánchez

 

 


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23 febrero 2013 6 23 /02 /febrero /2013 08:17

 

 

 

 

 

CARTA DE TERESA DE CEPEDA Y AHUMADA A JUAN DE YESPE ALVAREZ

Medina del Campo Julio de 1575

La gracia del Señor sea con Vuestra Merced, padre y confesor mío.
Os escribo con gran penar y desconsuelo, pues grande es la pesadumbre que mi corazón alberga en esta oscura hora.
Debéis saber, querido hermano en Cristo, que esta mañana he tenido noticias de don Fernando Valdés, Inquisidor General y Presidente del consejo de Castilla, en la persona de dos censores inquisitoriales, los cuales entraron en esta casa de oración, después de golpear insistentemente la puerta con el aldabón.
Mi dolor es grande, y desmesurada es mi tristeza, ya que han confiscado mis libros. Algunos de ellos han sido arrojados al fuego, otros amputados con tijeras como si sus letras estuvieran infectadas. Muchas hojas han sido tachadas con grandes aspas y otras arrancadas de cuajo ante mis ojos.
¡Qué grande es mi impotencia, fray Juan ¡
Se me acusa de alumbrada, mas yo, pobre de mí, me limito a escribir para mayor gloria de Dios, nuestro Señor. Pues ninguna cosa escribo para mi provecho, ni tengo porqué, sino es para alabanza de nuestro Creador.
No sé qué decir a mi favor. La calumnia y la maledicencia tratan de destruir mi reputación y el honor de la orden. Los rumores corren por la ciudad y por la Corte, algunas damas han dejado de favorecernos, temerosas de que planeen sobre ellas las sospechas que recaen en mis monjas; ya que los censores han manifestado que “me ande con tiento” pues sospechan de una corriente lésbica dentro del Carmelo a partir de mis discursos sobre el amor
¡La incomprensión es la soledad más amarga ¡ Mi abatimiento es grande y me faltan ganas para defender mi inocencia. Os ruego, me tengáis en vuestras oraciones y que Dios nuestro Señor guarde a vuestra merced con la santidad que yo deseo.


Vuestra indigna sierva.

 

 

 

Ficción literaria de Laura Pérez Sánchez.  Laura Pérez Sánchez

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18 febrero 2013 1 18 /02 /febrero /2013 18:34

 

Si puedes conservar tu cabeza, cuando a tu alrededor
todos la pierden y te cubren de reproches;
Si puedes tener fe en ti mismo, cuando duden de ti
los demás hombres y ser igualmente indulgente para su duda;
Si puedes esperar, y no sentirte cansado con la espera;
Si puedes, siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira,
Y si eres odiado, no devolver el odio; sin que te creas,
por eso, ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo;
Si puedes soñar sin que los sueños, imperiosamente te dominen;
Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único;
Si puedes encararte con el triunfo y el desastre, y tratar
de la misma manera a esos dos impostores;
Si puedes aguantar que a la verdad por ti expuesta
la veas retorcida por los pícaros,
para convertirla en lazo de los tontos,
O contemplar que las cosas a que diste tu vida se han deshecho,
y agacharte y construirlas de nuevo,
aunque sea con gastados instrumentos!
Si eres capaz de juntar, en un solo haz, todos tus triunfos
y arriesgarlos, a cara o cruz, en una sola vuelta
Y si perdieras, empezar otra vez como cuando empezaste
Y nunca mas exhalar una palabra sobre la perdida sufrida!
Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios,
a que te obedezcan aun después de haber desfallecido
Y que así se mantengan, hasta que en ti no haya otra cosa
que la voluntad gritando: “persistid, es la orden!!”
Si puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,
o alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos;
Si nadie, ni enemigos, ni amantes amigos,
pueden causarte daño;
Si todos los hombres pueden contar contigo,
pero ninguno demasiado;
Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,
con el valor de los sesenta segundos de la distancia final;
Tuya será la tierra y cuanto ella contenga
Y -lo que vale más- serás un hombre! hijo mío!

 

Joseph Rudyard Kipling

 

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8 septiembre 2012 6 08 /09 /septiembre /2012 11:27
Es lo intangible lo que lo hace útil
 
No importa donde estés,
ni lo que te digan que debes hacer.
Siempre que tengas una duda,
descansa un momento y escucha
lo que te dice tu voz interior.

No te apresures en tu camino,

ni sigas los pasos de otros.
Siéntate y descansa un momento
y escucha tu voz interior.

Esta es la voz que te busca y guía

El mejor consejo que puedes escuchar
Trae pureza a tus sentimientos
y te da la libertad de ser realmente
La persona que quieres ser.

Recuerda: Todas las respuestas

que buscas las tienes encerradas
en tu limpia y pura voz interior.

Hacemos una vasija de un pedazo de

arcilla: y es el espacio vacío en
el interior de la vasija lo que
la hace útil.

Hacemos puertas

y ventanas para una estancia;
y son esos espacios vacíos los
que la hacen habitable.

Así, mientas

que lo tangible posee cualidades,
es lo intangible lo que lo hace útil.

LAO TSE
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25 junio 2012 1 25 /06 /junio /2012 15:23

 

 

CUANDO CALLAS (Reflexión)

Guardar silencio puede ser una muestra de sabiduría y prudencia, pero también un signo de temor y complicidad.

Cuando callas, también hablas de ti mismo.

Cuando callas un secreto, conozco tu fidelidad de amigo.

Cuando callas tu propio dolor, conozco tu fortaleza.

Cuando callas ante el dolor ajeno, conozco tu impotencia y tu respeto.

Cuando callas ante la injusticia, conozco tu miedo y tu complicidad.

Cuando callas ante lo imposible, conozco tu madurez y dominio.

Cuando callas ante la estupidez ajena, conozco tu sabiduría.

Cuando callas ante los fuertes y poderosos, conozco tu temor y cobardía.

Cuando callas ante lo que ignoras, conozco tu prudencia.

Cuando callas tus propios meritos, conozco tu humildad y grandeza.

El Silencio es el tiempo donde el sabio medita.

Siembra para ser tú mismo...

GEORGE ELIOT

 

 


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