Ciencias humanas, Historia y Patrimonio documental, Archivística,Gestión documental y Ciencias y Técnicas Historiográficas y Documentales, Prevención de Riesgos Laborales.
Existen alrededor de 200 millones de vacas lecheras en todo el mundo, las cuales producen unos 500 millones de toneladas de leche al año.

La cría selectiva ha provocado un aumento espectacular en la productividad, por lo que en la actualidad las vacas pueden llegar a producir más de 40 litros de leche diarios. Dichos niveles de producción requieren una enorme demanda fisiológica por parte de las vacas, lo que genera graves consecuencias para su bienestar. Las vacas sometidas a un rendimiento tan elevado son cada vez más susceptibles de padecer trastornos en el metabolismo y enfermedades infecciosas, como la mastitis (inflamación dolorosa en el pezón).
La dilatación de las ubres puede provocar cojera, puesto que las patas traseras adoptan una postura forzada sometiendo a la parte exterior de las pezuñas a una presión excesiva. El alojamiento en el interior y el lecho inadecuado también pueden acentuar los problemas en las patas. En algunos países, las vacas pueden permanecer en el interior de manera permanente sin oportunidad alguna de pastar en el exterior.
Las vacas tienen su primera cría cuando cuentan con dos años de edad, tras lo que padecen un estado casi constante de lactancias y gestaciones sucesivas. Cuando alcanzan su tercera o cuarta lactancia, la mayoría son sacrificadas, debido a su estado de delgadez, cansancio, infertilidad y/o cojera crónica.
Cada vez que la vaca da a luz es separada de su cría, normalmente antes de las 48 horas, lo que les causa un sufrimiento extremo tanto a la vaca como a su cría. Los terneros machos de vacas lecheras de pura raza, no se consideran aptas para criar por su carne, por lo que muchos son sacrificados cuando son muy jóvenes o son confinados en jaulas individuales tan estrechas que ni siquiera pueden darse la vuelta, y son sometidos a una dieta deficiente en hierro y forraje, con el fin de producir carne "blanca". Las terneras padecen tensión psicológica y problemas de salud físicos debido a su aislamiento, confinamiento y dieta inadecuada. Cuando llega la hora de ser sacrificadas, entre los cuatro y seis meses de edad, muchas de ellas apenas pueden caminar.
FUENTE: FAADA