Me acerqué para charlar con él y aceptó de buen grado. Diversas circunstancias lo habían llevado a vivir en la calle, entre ellas el no tener trabajo. Sabe que existen albergues en los que poder dormir, pero él prefiere hacerlo debajo de un puente. ¿Por qué? “Porque en los albergues no me dejan llevar a mi gata y no la voy a dejar atrás”.
A Deisy la encontró en un contenedor de basura en Alicante, cuando ni siquiera había abierto los ojos. La alimentó a base de biberón y tenía muy claro que su gata irá a donde vaya él. “Me da muchísima compañía. Tiene 4 meses y lo de ella es dormir, comer y jugar”.
La expresión de Jesús cambiaba cada vez que miraba o hablaba de su gatita. Alababa el cariño y la compañía que esa miniatura de cuatro patas le proporcionaba. Un cariño y una compañía mutua, ya que Deisy está feliz a su lado.
Ésta es la otra cara de la crisis, es la otra cara del ser humano. Cuando lo has perdido todo, pero eres incapaz de olvidar a alguien que está a tu cargo, que te da pequeñas alegrías y horas de juego. Cuando se es capaz de renunciar a una cama y a un techo, para “no dejar atrás” a quien nunca te abandonará.
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